Lo Extraordinario de ser normal

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A todos nos gustan los héroes. Héroes de todos las trazas y en todas las situaciones.

Si nos fijamos en el cine, el papel principal siempre ha sido para el héroe: combatiendo casi sólo, contra viento y marea, con ideas geniales, acciones arriesgadas, consiguiendo aquello que los demás no eran capaces de conseguir y siendo festejado y felicitado por todos.

Este perfil, arriesgado, con ideas creativas, dotado de un cierto grado de simpatía o de “simpático cinismo” y con una capacidad de esfuerzo y superación sin lugar ha duda ha calado entre nosotros.

Tanto ha calado que, cuando vemos los “like” que tiene una publicación en donde se ve a una niña intentando subir de un salto a una escalera, o un padre participando en un Ironman con su hijo minusválido, o incluso un perro escapando de una perrera trepando una malla, estos se disparan.

Los comentarios sobre el valor del esfuerzo, de la superación, de la perseverancia, de la determinación se multiplican y se pone como ejemplo de lo que hay que hacer: no rendirse jamás¡¡ Superar tus propios límites¡¡ No desfallecer y mantenerte en modo positivo¡¡ Aprender de tus errores¡¡ Levantarte y continuar¡¡ En definitiva, SER UN HEROE.

Pero al final, cuando analizamos estos casos resulta que todo ese perfil existe en un 1% de la población. Son esos casos a los que nos encanta escuchar porque una vez, en un momento, hicieron algo que resultó maravilloso, y que nos motiva a intentar ser maravillosos nosotros en algún momento que nos llegará.

Cuando trasladamos esto a las empresas, cuando en nuestros equipos buscamos implantar ese estilo de comportamiento, nos estamos perdiendo que la heroicidad es hacer las cosas bien día tras día. Que el verdadero hito es desarrollar un trabajo que en muchas ocasiones se torna tedioso porque la empresa y el equipo de managers no ha sabido traducir la Visión y la Misión de la empresa en ese punto de valor añadido que todos los puestos aportan para conseguirlo.

Se olvidan en las empresas que los momentos de gloria, de sobre esfuerzo, existen en todos los empleados. Un proyecto que requiere de 20 horas al día y que se saca adelante, aún a pesar de las enfermedades que traiga después. Un trabajo que no sale, y que se saca “a golpe de riñón” entre todos. Un cliente que no termina de cerrar y que se sigue y se persigue a sol y sombra hasta ganarlo.

Esas son heroicidades, y sí, a todos nos gustan. Pero no, no sacan las empresas adelante. Las empresas progresan y salen adelante porque muchas personas todos los días hacen lo que tienen que hacer y lo hacen “vulgarmente” bien. Y eso, señoras y señores, hay que aprender a reconocerlo. Hay que aprender a valorar que todos los días nuestros equipos lleguen a tiempo, aunque lo ponga en su contrato, porque es difícil y porque exige esfuerzo.

A todos nos gusta dar un feedback sobre un “hecho heroico” dentro de la empresa, pero no todos estamos preparados para recoger evidencias de las acciones cotidianas que ayudan a sacar día a día la empresa adelante. A conseguir la estabilidad y la sostenibilidad.

Y sí, es cierto, también necesitamos de ese 1% de sobreesfuerzo y de “heroicidad” en unas pocas y limitadas ocasiones. De modo que debemos prepararnos y entrenarnos para reconocer la “heroicidad” dentro de la “normalidad” y dejar de pensar que, si las cosas salen “como deben salir” no hay más que decir porque “lo llevas en contrato y para eso te pagan”

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