LAS 10 MEJORES MANERAS DE…NO HACER NADA

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MiedoDice Zigmunt Bauman en la introducción de su libro La vida líquida

“…la vida líquida es una vida precaria y vivida en condiciones de incertidumbre constante. Las más acuciantes y persistentes preocupaciones que perturban esa vida son las que resultan del temor a que nos tomen desprevenidos, a que no podamos seguir el ritmo de unos acontecimientos que se mueven con gran rapidez, a que nos quedemos rezagados,…”

Y es cierto, vivimos en un entorno en el que los conocimientos y experiencia adquiridos pierden su valor, dejan de ser activos cotizables con un ritmo vertiginoso. Es más importante tener capacidad de adaptación y habilidades para el cambio que la experiencia, aún cuando hasta hace relativamente poco lo que más pesaba para conseguir un puesto era la experiencia, lo que hubiéramos hecho, lo que sabíamos. Ahora el activo más importante es lo que podamos llegar a saber y aprender.

Dentro de este ritmo de cambio, actualización, aprendizaje, ha ido encajando en casi todas las facetas de nuestra vida (unas veces con más y otras con menos éxito).

Tenemos la obligación de ser felices, y serlo todos los días y lo antes posible. Tenemos la obligación de conseguir el éxito tan pronto como sea posible, y el horizonte en que mirarse se llama Sillycon Valley. Vivimos permanentemente concentrados en estar dispersos en las redes tendidas por las nuevas tecnologías y sus compatibilidades, que cada día nos hacen más y más compatibles con los “werables” y las “app” y menos con las personas que nos rodean.

Esto se ha traducido en la necesidad de la rapidez, la velocidad, para todo. Y la mejor forma de llegar a los objetivos rápidamente, o al menos eso creen la mayor parte de las personas, es que alguien que se autodenomina “gurú”, “experto” en todos esos cambios te venga a decir lo que tienes que hacer.

Evidentemente este sistema suele funcionar y cumplir con las premisas de la vida líquida del éxito y el aprovechamiento rápido. Al menos para aquellos que se dedican a escribir libros de autoayuda, a crear o rescatar frases preciosas que nos dicen lo que debemos hacer para ser felices,  lo que debemos hacer para conseguir el éxito,  lo que debemos hacer para ser el jefe ideal. Lo que debemos hacer, en definitiva, para no tener que hacer lo más importante: vivir nuestra vida.

Hemos demostrado hasta la saciedad que nuestro cerebro nos engaña con nuestras percepciones. Que nuestros modos de ver, sentir, percibir, pensar, reaccionar y emocionarnos son radicalmente distintos de un individuo a otro.

Por eso, cada vez son más largas, frecuentes y “cientificadas”las listas de obligaciones para hacer. (siempre hay un experimento que demuestra lo que se quiere demostrar, aunque se olvidan de destacar que habrá otros cientos que demuestren lo contrario, a gusto del consumidor. Como decía Grouxo Marx “estos son mis principios, y si no le gustan tengo otros”)

Pero, después de 20 años de listas, de libros de autoayuda, de gurús que nos vienen a decir qué tenemos que hacer, seguimos con unos niveles de infelicidad que son preocupantes, sobre todo en el mundo occidental.

Y todo ello, ¿porqué?. Porque hemos desterrado al individuo, porque la velocidad no nos permite centrarnos en la persona, porque ya no tenemos tiempo para ver qué es importante para quienes nos rodean, empezando por nosotros mismos.

Es cierto que hay que cambiar, que nos han demostrado que el cerebro cambia hasta nuestra muerte, que eso nos da la oportunidad de crear hasta el final nuevos conocimientos y comportamientos, pero no es menos cierto que cada uno de nosotros lo hace de una forma diferente.

Por ello todo lo relacionado con transformar a una empresa, o a las personas que la conforman mejor dicho, y conseguir la evolución natural que nos lleve a estar a la par de los cambios, tiene que hacerse desde dentro.

Utilizar un sistema que pretende “imponernos” desde fuera qué hay que saber, cómo se va a saber, qué tienes que hacer para saberlo, no hace mas que enseñarnos la autopista hacia la frustración cuando, tras tantos libros, sesiones, conferencias y consejos, seguimos sintiendo que, interiormente, no somos más felices. Lo cual y en una nefasta espiral, nos convierte aún en más infelices.

Si quieres cambiar, has de conocerte, y para eso no hay más ayuda que la del tiempo y la atención. La de la práctica de ti mismo, la del descubrimiento de dentro hacia fuera. Y mientras que las personas y las empresas no se den cuenta de ello, seguiremos inviertiendo dinero en “formaciones blended y adaptadas” que se olvidan de lo fundamental: el individuo es eso, individual.

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