Desarrollando el éxito

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De una u otra manera, todos perseguimos el éxito. Éxito en nuestras relaciones, éxito en el trabajo, éxito en la vida, éxito en el deporte…

Dentro de cada uno de estas áreas, la definición de éxito continúa siendo una variable indeterminada y dependiente de otros muchos factores: en el deporte, para un deportista profesional el éxito será conseguir ser número uno, o mantenerse entre los tres primeros, mientras que para otro supondrá conseguir mantenerse en la categoría en que se encuentra, mientras que para alguien que no ha practicado deporte en su vida puede ser simplemente el hecho de salir a caminar 5 días a la semana.

Todos ellos deberán afrontar y superar dificultades y retos para conseguir su éxito y uno de los más importantes serán ellos mismos. El principal artífice de que no seamos capaces de conseguir las cosas es nuestro cerebro.

De modo general podemos decir que el éxito es una variable que cambia con el tiempo, que se transforma a medida que lo hacemos nosotros y que a la vez es parte de esa transformación (cuanto más vayamos consiguiendo alcanzar nuestros objetivos, más próximos estaremos de afrontar un nuevo reto, y si por el contrario no los alcanzamos, más próximos estaremos al desánimo si esto ocurre de manera reiterada.

Como vemos, el primer problema para conseguir alcanzar el éxito consiste en conseguir definirlo. Alcanzar aquello que nos proponemos, sea esto lo que sea y en el momento que sea, es la definición más extendida y genérica de lo que se entiende por éxito.

Durante muchos años el éxito se vinculó a la inteligencia de las personas. Se creía que cuanto más inteligente era una persona más posibilidades tenía de alcanzar el éxito, y aunque los estudios parecen demostrar que existe una correlación entre nivel de estudios, CI y nivel alcanzado dentro de una empresa, y por tanto remuneración, también se ha demostrado que la inteligencia y el talento no constituyen por si mismos garantía de éxito definido de esta manera.

Sin embargo sí que existen otras variables que han demostrado ser comunes en las personas que consiguen alcanzar lo que se proponen. Sin querer desarrollar una lista exhaustiva, aquí aparecen algunas.

 

Visión: Disponen de una imagen nítida de lo que desean, de cómo se sentirán cuando lo alcancen y de con quien lo compartirán. Y cuando hablamos de visión, hablamos realmente de una representación gráfica y visual de lo que el éxito es y supone para ellos (ver Visión o Definición de Objetivos)

Objetivos: Han aprendido a establecer objetivos intermedios, pequeños pasos enunciados de manera realista, que les llevan dentro de una escala temporal a contrastar su avance hacia la consecución de su objetivo.

Compromiso: Se muestran constantes en la tarea en la que se centran, manteniéndose enfocados en la misma y desarrollando un trabajo y un esfuerzo diario manteniendo su intención una vez asumida. (http://youtu.be/x64JEeHyBCA)

Resiliencia: Han aprendido a aceptar los contratiempos, errores y fracasos como un elemento más en el camino del éxito, y han aprendido a desarrollar la capacidad para aprender de los mismos, incorporando lo aprendido como una herramienta más en su camino hacia el éxito.

Autoeficacia: Han aprendido a confiar en sus propias acciones como elementos fundamentales e imprescindibles para la consecución de sus objetivos, sabiendo establecer qué parte de la consecución o no de los mismos depende de su actuación, del azar o de otros elementos.

Hasta hace poco se pensaba que estas y otras características fundamentales para la consecución de los objetivos era un elemento hereditario, había personas más preparadas genéticamente que otras para afrontar la vida con una actitud positiva, lo cual facilitaba en gran medida su éxito.

Ahora sabemos que no es así, que con los conocimientos adecuados y con ayuda y seguimiento, podemos llegar a aprender cómo se generan estos comportamientos y a ponerlos en funcionamiento en nuestras vidas.

 

Si quieres descubrir cómo, plantéate revisar tu grado de Resiliencia Personal (http://bit.ly/1gz6KLL)

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