Jefes «Navegadores»

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Desde la aparición en todos los terrenos de las nuevas tecnologías y los smart phones nuestra vida ha cambiado, eso no hay quien lo dude.

Cuando en su momento los navegadores comenzaron a sustituir los mapas de papel, era difícil predecir su éxito y su tremenda implantación. Ahora todo el mundo tiene su propio navegador en el coche o, lo que viene siendo más habitual, una app en su teléfono que le hace las veces de navegador (algunas hasta sociales en donde puedes ir añadiendo incidencias en la carretera que son actualizadas automáticamente para el resto de usuarios y que estos te pueden agradecer)

No se si os habéis fijado pero estos programas tienen una característica fundamental. Casi todos elegimos la ruta más rápida para llegar a un sitio, y de hecho es la opción elegida por defecto en todos ellos.

Todo genial hasta aquí, pero ¿qué ocurre cuando por cualquier circunstancia queremos desviarnos de la ruta trazada porque algo va mal, ha habido un accidente o un tremendo atasco (los sufridores de las grandes ciudades como Madrid los sufrimos todos los días)? Lo común es intentar encontrar una ruta de salida que nos lleve al destino marcado, a tiempo, y con los menos inconvenientes anexos posibles. Pero aquí es donde comienza mi pelea (lo reconozco, soy de los que discute con su navegador en el coche) con la tecnología. El navegador reestructura su ruta para,…, volver a la misma ruta que he abandonado. En ocasiones y en ciudades que no conocía su callejero, ha llegado a hacerme dar vueltas de casi un kilómetro para volver al punto en donde lo saqué de su ruta. ¡No os voy a contar las frases que dirijo al navegador en ese momento.

A principio de verano realizamos una evaluación de todo el entramado comercial de una compañía dedicada al Fast Food. El objetivo era comprobar qué perfiles eran los más adecuados para llegar al nuevo modelo y destino que la Dirección General había trazado, y cuáles eran aquellos que no sabían, podían o querían seguir ese objetivo.

Políticas de compañía al margen, historia de la compañía al margen y otras muchas variables que podríamos analizar y que quedaron patentes y evidentes, nos enfrentamos con un director en modo «navegador». Por más que se le explicaba el nuevo destino, los nuevos comportamientos necesarios para llegar a él lo antes posible, los cambios que había que hacer, su «chip» volvía una y otra vez a intentar seguir el mismo camino que tenía prefijado casi desde que se incorporó a la compañía. Esto es lo que yo llamo un Jefe «Navegador»

Pero, salvando las distancias, lo mismo que pasa con los navegadores para poder resolver este problema, podemos aplicarlo a este tipo de comportamientos empresariales (creo firmemente en la capacidad de cambio de las personas, por eso no son las personas a quienes debemos cambiar, sino los comportamientos que desarrollan). Veamos:

1º.- Actualización. Todos los programas de navegación necesitan una actualización constante. A medida que cambian las calles, que aparecen calles nuevas, que existen nuevos destinos, el sistema necesita una nueva programación con toda la información nueva y cómo cambia la información de que disponía hasta ese momento (sentido de marcha de las calles, calles convertidas a peatonales, etc.)

Con las personas ocurre algo similar. Es imprescindible, tanto más si tienen personas a su cargo, que se haga una comunicación clara, transparente y abierta de cuál es el nuevo objetivo que se persigue, cuáles son los cambios que este nuevo objetivo va a suponer en la organización y en las funciones y responsabilidades de todos, cómo se va a afrontar ese nuevo objetivo, con qué medios se va a contar, etc. Es decir, hay que proporcionar al sistema todas las rutas nuevas junto con las condiciones que acompañan a las mismas para que no se vea constantemente abocado a elegir una trayectoria obsoleta y errónea.

2º.- Socializar. Una de las soluciones más brillantes que hasta ahora se han implantado en los navegadores, en concreto en las app que yo conozco, es la capacidad de interactuar entre los usuarios del mismo programa, de utilizar la tecnología para ir comunicando problemas, incidentes, cortes, etc., en tiempo real y a toda la comunidad de usuarios.

En la empresa disponemos de muy buenas oportunidades para implantar herramientas de Social Business  y de Comunicación Interna con los que podemos recoger desde los cambios que nuestros clientes nos están pidiendo (puesto que ellos son los que realmente van a dirigir nuestro destino y a decidir nuestra superviviencia o no en el mercado) hasta los problemas internos que se están produciendo en la organización con la implementación del nuevo modelo de negocio. Contar con la opinión, las experiencias, los problemas y sus soluciones, de todas las personas que componen la organización hace que el modelo se implante de manera más rápida, eficiente, segura y con menos resistencias.

3º.- Instalar el último Sistema. Muchas de las nuevas tecnologías y opciones que presentan los smartphones requieren la instalación de nuevos sistemas operativos, de ese componente que «enseña» a nuestro smartphone dónde buscar las aplicaciones, qué ruta ha de tomar para encontrar cómo comunicar una incidencia en la carretera, o qué «puntos regalo» te tiene que dar por cada kilómetro que haces para ir ganando en «experiencia como conductor social»

En las organizaciones ocurre lo mismo, a estas personas tenemos que «instalarles un nuevo sistema operativo» Ellos están acostumbrados a buscar los mismos recursos en los mismos sitios para los mismos problemas y así dar siempre las mismas soluciones. Resulta fundamental darles este nuevo software, generalmente a partir de sesiones de Coaching o de Trans-Formación, para que descubran que hay nuevas direcciones a las que acudir, nuevas utilidades que les ayudarán a optimizar su trabajo y el de sus equipos, pero fundamentalmente y tal y como ocurre con el software, a darles algo interno, algo que no se ve desde fuera, que es la capacidad y posibilidad de aprender a desprenderse de sus miedos y cambiar.

4º.- Contar con el Equipo Adecuado. Si, lamentablemente hay ocasiones en las que si queremos disponer de un determinado navegador actualizado online, en tiempo real, con capacidad para interactuar con otros usuarios, que aprenda los caminos que solemos utilizar habitualmente a partir de nuestros viajes, que consiga modificar automáticamente la trayectoria a partir del input de los demás, y otras mejoras que ya existen, entonces hay que cambiar de smartphone. Son más nuevos, más caros y más eficientes. Cuesta desprenderse del anterior, sobre todo por miedo a perder todo lo que él contenía, pero al final nos vemos obligados a hacerlo.

Creo que no hay mucha transformación que hacer cara a la empresa.

 

De modo que, si os veis en la situación de «necesitar una nueva dirección» para «alcanzar un nuevo destino», identificar vuestros «Jefes Navegadores» y actuad sobre ellos.

 

Artículo escrito por Javier Rubio Ramiro

Socio Director

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1 comment on “Jefes «Navegadores»”

  1. Quiviro

    Actualizar un navegador puede ser difícil (lo digo por experiencia), pero actualizar un jefe que sigue trabajando con el mismo método desde hace décadas… Eso sí que sería un logro.

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