El Hombre que perdió su Sueño- MIÉRCOLES OFICINA

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MIÉRCOLES OFICINA

Mientras caminaba hacia su oficina, algo que ya empezaba a tomar como costumbre siempre que no lloviera, reflexionaba sobre todo lo que habían hablado. Ese momento de buscada tranquilidad le permitía aclarar ideas, u ordenarlas cuando las tenía muy claras. Llegaba a la oficina con un punto de vista diferente y un ánimo distinto que cuando tan sólo se molestaba en transportarse en medio de la masa con la que compartía espacio dentro del autobús. Definitivamente tenía que instaurar aquello como un hábito y concederse ese espacio y tiempo para sí mismo y para pensar.

Después de la conversación de esa mañana con el Buda, y mientras esquivaba personas, vigilaba coches y motos por el rabillo del ojo cada vez que llegaba a los semáforos y andaba mecánicamente por un laberinto del que ya conocía el destino y el camino más rápido para llegar hasta él, se dio cuenta de que había llegado a un punto complicado.

Un gesto de esfuerzo se dibujó en su cara. Sus labios se apretaron, su frente se arrugó y su cabeza se balanceó en un preocupado gesto negativo de un lado a otro.

Yo no se si voy a ser capaz de hacer todo lo que tengo que hacer para conseguir que esto cambie. Una cosa es no tratar al equipo como si fueran mis hijos. Eso hasta cierto punto es sencillo, tan sólo tengo que darles más cuerda, dejar que se expandan.

 Paró en un semáforo y se fijó que a su lado, las personas que caminaban llevaban todas ellas un gesto adusto, serio y preocupado. Como si lo hubieran comprado en las rebajas y a todos les hubiera tocado el mismo.

Cuando empezó a caminar de nuevo, sus pensamientos volvieron a él, como si también se hubieran detenido en el semáforo.

Pero el caso es que ayer no me dio tan buen resultado como esperaba. Parece como si cambiar y poder hacer más cosas ahora no les fuera a gustar, al menos a tenor de lo que hablé con Mónica. ¡Y eso que ella es la que más cerca de mi ha estado todos estos años! Con el resto no te quiero contar. Seguro que cuando se lo cuente,… 

- ¡Espera un momento! se dijo en voz alta consiguiendo que un hombre que caminaba a su lado se separase un poco de él y apretara el paso para alejarse de aquel loco que hablaba solo.

- No, otra vez no voy a repetir lo mismo. No voy a meterme en la cabeza un problema que todavía no ha ocurrido tan sólo porque tengo miedo de que ocurra, porque al final soy tan terco que voy y consigo que ocurra sólo por tener razón. Y cuando pensó esto no pudo evitar sonreirse abiertamente. Seguro que era capaz de forzar una situación como esa, aún sin darse cuenta, tan sólo por tener razón.

 – Bueno, no voy a pensar lo que temo que ocurra, sino lo que quiero que ocurra. Quiero tener un equipo que me ayude a crear soluciones nuevas, innovadoras. Las necesitamos porque está claro que continuar trabajando de esta manera no nos va a sacar del hoyo porque precisamente fue lo que nos metió en él. Eso lo tengo claro.

- Entonces, ¿cómo se le da libertad de actuación a un equipo?… Buena pregunta, se dijo a sí mismo. Aunque antes de eso creo que primero les debo una disculpa. Si no soy capaz de aceptar que en algo me he equivocado no podré seguir adelante con nuevas ideas y lo que es peor, me temo que ellos no van a ver realmente un cambio honesto al que sumarse.

 

Llegó a la oficina, colgó su abrigo casi sin encontrarse con nadie de su equipo. Fue a la máquina del café y sacó uno, y luego otro y así hasta seis. Los puso sobre una de las bandejas que tenían para llevarlos y se fue a las mesas de su equipo.

Uno por uno fue llamándolos e invitándolos a tomar café en la sala de reuniones. Aquello no era habitual. Todas las reuniones del equipo se hacían los lunes para planificar la semana y revisar la semana anterior, y esa reunión no planificada en medio de la semana sólo podía augurar malas noticias.

 

- ¡Buenos días chicos!

- Y a las chicas, ¿qué? 

 

La primera reacción ya le dejó claro cómo estaban los ánimos, desde luego no muy dispuestos a que los vientos soplaran a su favor. Pero lo comprendía, aunque había pasado por situaciones complicadas, nunca había estado en una situación tan dura como la que ellos pasaban ahora. Aún a pesar de ello, desde el día que le comunicaron la situación y la posible “solución” había hecho un esfuerzo por imaginarse individualmente qué es lo que estaría pensando y pasando su equipo, de modo que no le costó tomar aquel comentario como una necesidad de compartir su estado de ánimo más que una crítica a su forma de llamarlos, que entre otras cosas había sido la misma fórmula utilizada durante años.

 

- Bien, gracias por la aclaración, dijo mirando a Mónica que había sido quien había hecho el comentario. Os pido disculpas si no ha sido la mejor forma de llamaros.
- Bueno, te lo perdonamos porque has invitado a café, le respondió esta esbozando una medio sonrisa.

 

Bien, las armas estaban en alto pero se podía firmar un pacto de no agresión mutuo en la hoja de ruta. Todo lo tranquilo que le permitía aquella situación, se sentó y comenzó a ordenar todo lo que había pensado durante sus caminatas a la oficina anteriores.

 

- Bien, como ya he tomado un camino al comenzar, no me será difícil seguirlo. Quería pediros perdón.

 

El equipo se miró entre sí. Lejos de tomarlo como un gesto de humildad o como un sentimiento sincero cayó como el felpudo de la puerta de salida. Sus gestos tomaron aspecto serio y todas las miradas se centraron en él. Bien, no era la forma en que quería captar toda su atención, pero le valía. A veces la fortuna se alía con uno, sobretodo cuando la busca.

 

- Sí, pediros perdón por no haber sabido reaccionar a tiempo a todo lo que nos estaba pasando en el equipo. Todos vosotros me habéis demostrado día tras día que estáis más que dispuestos a hacer vuestro trabajo, a esforzaros, a trabajar más allá de lo que yo esperaba y además, que es lo mejor, a hacerlo sin perder el sentido del humor, y mientras decía esta última frase miraba a Antonio, el más serio y combativo del equipo, precismente el que más callado había permanecido durante las reuniones anteriores.

 

Las caras y el ambiente se relajaron a la par. Al menos ese día no habría malas noticias.

 

- Bueno, aunque suene extraño viniendo de ti, es una buena forma de empezar, le dijio Antonio.

- Gracias de nuevo. Durante estos días he estado pensando mucho en qué es lo que deberíamos hacer.

- ¿Y a qué conclusión has llegado? porque día que perdemos, día que estamos más cerca de la puerta de salida, le espetó casi sin esperárselo Mónica.

- Bueno, Mónica, comprendo que estás nerviosa. Todos lo estamos en realidad. No es una situación agradable ni mucho menos para ninguno, y entiendo que tengas ganas de comenzar a hacer algo, lo cual me alegra porque va en la línea de lo que os quería proponer.

- Venga, vamos a ver por dónde sale el jefe! dijo Marcos que era quien solía aportar el toque de humor en el equipo. Seguro que este se ha leído hasta el prospecto de las medicinas de casa para venirnos con una solución brillante.

- Bueno, respondió, realmente he pensado y hablado mucho con una persona que me ha hecho ver las cosas de forma diferente, pero no, no he leído mucho y menos medicinas, respondió esbozando una sonrisa que ayudó a relajar más el ambiente.

- Bien, aquí va, dijo mientras se inclinaba sobre la mesa y abría su carpeta. Hemos estado trabajando,…, perdón otra vez,… he dirigido el equipo de una manera que se ha demostrado ineficaz para adaptarnos. Creo, sinceramente, que no he sabido ver todo lo que vosotros podíais aportar al mismo y eso nos ha restado capacidad de reacción. Nos ha pillado el toro pero no estamos ni mucho menos heridos de gravedad. Tenemos capacidad para actuar y lo vamos a hacer, explicó intentando imitar en la medida de lo posible el tono serio y a la vez cordial del Buda.

- ¡Vamos, que ahora te das cuenta de que tienes una mina en casa! ¡Gran descubrimiento! dijo con una gran sonrisa Marcos. Aquel chico realmente sabía como quitar hierro a un asunto tan complicado para todos. Seguro que vendría bien tenerlo en cuenta, y lo anotó discretamente en su libreta.

- Sí, todo un tesoro! respondió él con un gesto que intentaba abarcar a todos los presentes. Y lo que vamos a intentar, bueno, lo que vamos a hacer es ponerlo en valor. 

- Muy bonito, respondió Mónica, ¿y cómo has pensado que lo hagamos?

 

En las dos conversaciones, contando con esta, que había mantenido con Mónica la había notado más distante y crítica de lo que hasta el momento había visto. No es que esperase una confianza ciega, pero quizá tampoco una postura tan distante y crítica. Tomo nota y siguió.

 

- Pues precisamente dejando de pensar y pidiéndoos que penséis vosotros.

 

Aquello desató las carcajadas de unos, los comentarios más o menos acertados de otros y sobre todo un pequeño revuelo como cuando se asusta a las palomas en una plaza.

 

- Vamos, que como te dije el otro día, comentó Mónica, ahora vienes a que “desfagamos el entuerto”, ¿no?

- ¿Ah, pero que vosotros dos ya habéis hablado de esto? preguntó Alba con cierto aire de desconfianza. ¿Y a qué esperabais para comentárnoslo?

 

Alba era la más joven del grupo, y además quizá de las más claras diciendo las cosas. Siempre había pensado que decía lo que pensaba y en ocasiones no pensaba lo que decía, pero esa transparencia funcionaba muy bien con algunos clientes. Una nota más de la reunión de aquel día.

 

- Bueno, no hemos hablado nada en concreto, explicó él. Tan sólo pedí su opinión sobre lo que podíamos hacer por ser la persona que más tiempo lleva dentro del equipo, pero te agradezco que me lo digas y siento si te ha parecido mal, de ahora en adelante haré todo lo posible por comunicaros todo a todos al mismo tiempo en las decisiones importantes. ¡Buf! no se había disculpado tanto en tan poco tiempo en toda su vida. Aquello tenía que contárselo mañana al Buda, seguro que les granjeaba algunas risas. Pero había algo que había aprendido. En esta situación más que nunca tendría que estar muy pendiente de cómo eran interpretados cada uno de sus movimientos y lo que esto despertaba en su equipo. En aquella fase de negación del cambio todo era susceptible de hacer daño o ser malinterpretado.

- Bueno, pues venga, al tema que tengo cosas que hacer, interpeló Fernando, siempre pendiente de todas las tareas que tenía que hacer y de mantener la organización que tanto le ayudaba. Realmente era muy bueno con los clientes nuevos. ¡Nueva nota

- Pues aquí va, respondió él. Quiero que todos vosotros pongáis por escrito de aquí al viernes qué es lo que realmente os gusta de las tareas que hacéis. Entiendo que el trabajo os gusta porque no os habéis marchado, pero necesito saber en qué pensáis que sois buenos, cuál es vuestra mejor virtud en todo el proceso. 

 

Esperó un momento para ver cómo había caído aquello. La cara de Mónica no hizo sino reflejar lo que ya le había dicho el otro día, su mirada sobre la mesa, jugueteando con el vaso de café ahora desaparecido, evitar su mirada. Tenía que adivinar qué le pasaba,…, no, tenía que hablar con ella y saber qué le pasaba. Si seguía así el cuaderno de notas se le iba a quedar pequeño en estos tres meses.

 

- Y después, quiero que cada uno de vosotros proponga una idea nueva sobre qué es lo que convendría hacer en esta situación y que se pueda aplicar de manera práctica.

- Hombre, eso está bien, pero no se qué pretendes. ¿No sería mejor que trazases un plan y seguirlo? dijo Fernando.

- No, precisamente eso es lo que quiero evitar. Si todos pensamos, analizamos, exponemos, discutimos, respondemos y buscamos soluciones juntos crearemos la mejor estrategia de equipo que haya existido en este departamento. Yo ya he demostrado que mi sistema no ha funcionado, dejadme ahora que demuestre, que nos demostremos, que no estoy equivocado y que todos podemos poner algo encima de la mesa. Y además os quiero pedir que a partir de hoy, todas las ideas que tengáis al respecto las pongáis encima de la mesa sin dilación. No tenemos tiempo que perder.

- Pues eso, dijo Fernando, como no tenemos tiempo que perder y esta reunión “no planificada”, dijo con cierta ironía, nos ha roto el planning de día, por mi parte para el viernes lo tienes. No me va a resultar tan difícil, tanto los demás como yo estoy seguro que hemos pensado en algo para cambiar, para mejorar, pero como todo parecía ir bien, tampoco ha sido necesario cambiar la forma de hacer las cosas. Si no tienes nada mas que decir…. y dejó que el silencio se prolongara mirando al resto de compañeros. Ninguno añadió nada.

- Pues lo dicho, a currar que esto no nos lo regalan, y se levantó.

 

Aquello dio por cerrada la reunión. Cuando todos se marcharon él se quedó repasando sus notas y pensando en lo que había ocurrido aquella mañana. Se sentía satisfecho. Funcionaría o no, pero de lo que estaba seguro es de dos cosas: tenía muchas cosas que hacer que estaban frente a él en su libreta y todo iba a cambiar. Ahora sabía lo que quería e iba a poner toda su energía en ello.

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