El Sueño ha muerto. ¡Viva el Sueño!

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Al grito de “El Rey ha muerto. ¡Viva el Rey!” las monarquías desde el S XIII proclaman la sucesión en la corona.

Este acto simbolizaba una continuidad en el sistema y quería dejar meridianamente claro que no existiría ningún periodo de “interim” en la línea de sucesión, lo que disuadía a algunos aspirantes al trono de presentarse como futuros reyes y evitaba guerras de sucesión, aun cuando no siempre funcionara.

En nuestra vida, cada día, nacen y mueren sueños. Pequeños brotes de ilusión que comienzan a vislumbrarse en las ramas de nuestro devenir y a los que nos aferramos para regenerar nuestras energías y superar así los avatares diarios.

En algunos casos estos sueños pueden ser pequeñas ilusiones: una tarde de paseo, una escapada conjunta, una nueva adquisición, etc. Elementos cotidianos, y no por ello menos importantes, que nos van proporcionando una ilusión tras otra, que nos llenan de pequeños momentos de alegría y felicidad.

Ambas emociones son de hoja caduca, esto es, aparecen ante nuestros ojos con un tremendo despliegue de color y cuando se consiguen, marchitan y caen para dar paso a ilusiones nuevas.

En otros casos, los sueños pueden ser grandes ilusiones: hallar la razón de la vida, ayudar a salvar a la humanidad, luchar contra terribles enfermedades, encontrar el amor de tu vida, etc. También estos sueños, que tienden a ser perennes o cuando menos más duraderos que los anteriores, tienen fecha de caducidad para muchas personas. Pocas son las que se marcan estos objetivos y perseveran en su vida hasta el final, de su vida o del sueño.

Tanto unos como otros nos sirven de acicate diario para ponernos en marcha, afrontar un nuevo día que viene aderezado de tranquila monotonía (que en algunas ocasiones y muy a nuestro pesar transformamos en aburrimiento), de esfuerzos para mejorar y superar situaciones complejas y también de alegrías, claro está.

Pero ¿qué ocurre cuando la savia que alimentaba nuestros sueños deja de correr por el tronco de nuestra vida y deja de alimentar nuestra capacidad para ver los hechos como retos, oportunidades para convencernos una vez mas que nuestra capacidad es mayor de lo que jamás hemos imaginado y los transforma en tremendas barreras?

En estas situaciones tendemos a la desesperanza. Desesperanza que no tiene un valor absoluto, sino que presenta grados. Es mayor cuando los sueños son de largo recorrido, aquellos que configuran el “sentido de la vida” y que vemos cómo se alejan y se distancian, y menor cuando son pequeñas ilusiones diarias las que desaparecen y nos cargan con la sensación de que “nada me va a salir bien”

Evitar estas situaciones es importante. No debemos olvidar que los ejércitos de los señores feudales andan a la espera del interim en la sucesión. El Conde de la Depresión, la Duquesa de la Tristeza, el Varón de la Desilusión.

Todos ellos tienen sus credenciales, avaladas por la Reina de la Razón, especialista en unir a sus huestes tantas cuantas cosas más o menos desagradables puedan ocurrir y siempre dispuesta a mostrárnoslas cuando menos las necesitamos.

Estas alianzas siempre han sido muy peligrosas y amenazantes en la sucesión al Trono de las Ilusiones. Si nuestro sueño muere, si una ilusión muere, es importante saber gritarnos “El Sueño ha muerto. ¡Viva el Sueño!”

Tras un hecho contrario, fatídico en algunos casos, solemos romper la línea de Sucesión, dejamos un espacio vacío dentro del Imperio de Nuestra Vida, generamos un peligroso interim de ilusión.

Es cierto que es fundamental e inevitable si nuestro sueño era de los perennes que pasemos por un tramo de reconstrucción de nosotros mismos. Si los ataques y asedios a nuestra fortaleza han sido duros y largos, necesitamos recomponer de nuevo nuestras murallas, atender a nuestros sentimientos heridos, alimentar a las ilusiones hambrientas tras el dolor.

Pero este periodo no puede ser un periodo de interim, no puede ser un periodo sin sueños, sin ilusiones, sin emociones. Debe ser un periodo de aprendizaje y de reconstrucción, en el que tendremos que incluir el Bálsamo de la Ensoñación y el ejercicio de la Concentración y la Presencia.

Generar sueños, nuevos o adaptados de los que teníamos, nos moverá a levantarnos, a no doblar la rodilla frente a los que quieren asaltar nuestro Trono de las Ilusiones y tomar nuestra vida a la fuerza. Generar sueños es una de nuestras mejores armas para convertirnos en los paladines de la Ilusión y la Alegría.

Ama tus sueños. Trabaja cada día por llenarlo de pequeñas ilusiones. Desarrolla tu mente y tu concentración para permanecer en la búsqueda de esos sueños perennes. No permitas que tus sueños desaparezcan de tu vida, porque sin ellos, tu trono estará perdido.

 

El Sueño ha muerto. ¡Viva el Sueño!

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