Tu caja de pinturas

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“Quienes cruzan el mar cambian de cielo, pero no de alma”

 

La vida no siempre nos deja en la bandeja de entrada correos con noticias agradables, o presentaciones de nuestro futuro con unas maravillosas transiciones u hojas de cálculo con generosos beneficios en nuestras cuentas emocionales o económicas.

La vida, como tal, está configurada de hechos. Hechos carentes totalmente de emoción, como aquellos cuadernos de dibujos en blanco que utilizábamos de pequeños, antes de que llegase la tecnificación a estas tareas.

En aquellos cuadernos, nosotros podíamos elegir qué colores utilizar para decorar el dibujo o, por el contrario, seguir el modelo que aparecía en la página anterior. Era una de las primeras decisiones que empezamos a tomar. ¿Trivial? No, en absoluto. Sin darnos cuenta estábamos estableciendo el sistema que asentará la preferencia entre copiar lo que los demás dicen que debe ser o crear lo que nosotros queremos que sea.

Seguir los modelos que los demás nos proporcionan es como copiar ese patrón de colores con el que pintábamos nuestros cuadernos. Es sencillo, puesto que no hay que tomar muchas decisiones, pero increíblemente limitador, y en muchas ocasiones muy difícil de encajar en nosotros mismos.

La primera dificultad que se nos presentaba, una vez que empezábamos a pintar, es que nuestros colores no eran exactamente los colores que aparecían en el patrón. El dibujo, parecido pero no igual, comenzaba a perder personalidad, fuerza.

Ni era nuestra creación con nuestros colores, ni era el modelo que teníamos delante. Era un híbrido, una copia generalmente descolorida. Y para intentar hacer que se pareciera más y más, desarrollábamos diferentes técnicas: chupar la punta de la pintura, pintar más fuerte, pasar muchas veces por el mismo trazo para hacer el color más intenso,…

De la misma forma, ni nuestros sentimientos ni nuestra forma de vivirlos es igual a la de ninguna otra persona, porque cada uno de nosotros tenemos nuestra historia, nuestros recuerdos, nuestras experiencias, y todo ello configura la nuestra emocionalidad, los sentimientos que añadimos a los hechos en nuestra bandeja de entrada personal.

En muchas ocasiones, hoy nos sigue pasando lo mismo. Ante los hechos que nos llegan, intentamos hacer un “copia y pega” de los sentimientos que nos han enseñado a desarrollar. Esos patrones que han puesto frente a nosotros y que hemos intentado replicar admitiendo sin cuestionarlos que eran buenos y válidos. Son nuestras creencias.

Y cuando esos patrones emocionales no funcionan, en lugar de cuestionarnos su utilidad, nos forzamos, cual pinturas dentro de una caja, para hacer que nuestros sentimientos sean lo mas parecidos a los de los demás: hemos de temer quedarnos sin trabajo, en lugar de generar un sentimiento de energía y valor para alcanzar un futuro distinto; hemos de perseguir aquello que nos dicen, ora el dinero y todo lo que consigue ora la felicidad y disfrute eterno en la Tierra, etc.

Y en este proceso de replicar modelos emocionales, llega el hastío, la insatisfacción, el no encontrar sentido a lo que está pasando y creemos que nos ocurre. Y en muchas ocasiones la frase es “si pudiera marcharme de aquí, empezaría de nuevo” “Cuando encuentre un nuevo trabajo, voy a hacer muchas cosas distintas” “En cuanto encuentre una pareja que me quiera de verdad, voy a hacer lo que no está escrito”

Pensamos, equivocadamente, que huyendo de un hecho en particular, de la interpretación que nosotros hemos dado a ese hecho con nuestra “caja de pinturas emocionales” nuestra vida va a ser mejor, sin percatarnos de que ese cambio ya aparece herido de muerte.

Quienes cruzan el mar cambian de cielo, pero no de alma. Nos llevamos nuestra caja de pinturas con nosotros, y buscamos un boceto nuevo que poder decorar con las mismas pinturas a imagen y semejanza del modelo de colores y sentimientos que con él vendrá.

Para ver otro cielo, hay que utilizar otros ojos. Para que nuestra vida tenga color, tenemos que ponérselo nosotros, sin que nadie nos diga qué colores utilizar. Podemos elegir, y es casi lo único que líbremente podemos elegir, qué sentimientos desarrollar con esos hechos que no son sino trazos unidos y sin color.

Cambiar siempre es difícil, trabajoso, y en ocasiones hasta doloroso porque hemos de desprendernos de muchas piedras que transportamos en nuestra mochila de viaje. Pero está claro que el primer paso es decidir ¿quiero seguir copiando modelos o quiero decorar el mío propio?

Cuando decoramos nuestro modelo, cuando tomamos riendas y control de nuestras emociones, cuando trabajamos diariamente por ello y por desarrollar el conocimiento de nuestra emocionalidad, nos convertimos en personas más fuertes, más íntegras, más fiables porque estamos poniendo nuestros propios colores.

A unos les gustará más cómo hemos decorado nuestro modelo, a otros les agradará menos, pero lo que sí es seguro es que siempre, será tu propia elección y con ella tú te sentirás feliz.

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