Espejito, espejito,…

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Espejito, espejito, ¿quién es la más bella del reino?

Blancanieves es la más bella del reino

La reina, enfadada, rompió el espejo en mil pedazos.

Reconocer nuestros propios sentimientos es difícil, no estamos programados cerebralmente para ello porque nuestro cerebro lo primero que quiere es protegerse y ser feliz, y no le importa cómo se consiga. Como dice Punset, nuestras neuronas no saben quiénes somos, ni les importa.

Las emociones no son caprichos de la naturaleza, todo lo contrario, cumplen una importante función: ayudarnos a adaptarnos al entorno y permanecer vivos y sanos en él.

 

Desde las proto-emociones de bienestar y malestar que influían en nuestros antepasados hace millones de años y que les ayudaron a permanecer vivos huyendo de lo que les atemorizaba o producía malestar, pero que a la vez les permitió buscar lo que era placentero y aproximarse a ello para mantenerse unidos, las emociones se han transformado al ritmo que lo hace la sociedad.

Las emociones socialmente desarrolladas a partir de las proto-emociones, como la aceptación, luto, vergüenza, celos, suerte, etc., se han desarrollado al mismo ritmo que se desarrollaba el lenguaje.

Una emoción no existe hasta que no aprendemos a nombrarla, por eso es tan importante conseguir desarrollar la inteligencia emocional y la educación y gestión de emociones desde que somos niños, para poder desarrollarnos eficientemente en esta época en la que nos ha tocado vivir y aprendamos a modificar y gestionar nuestros sentimientos para que sigan siendo tan eficientes como lo fueran hace millones de años para traernos hasta aquí.

Por eso es importante aprender a identificar, nombrar y expresar todas nuestras emociones. No importa el nombre que le pongas, pero expresa todo aquello que sientes, desde el corazón, con palabras más desarrolladas o menos, pero haz público aquello que sientes dentro para que las personas que te rodean puedan comprenderte y para que puedas comprenderlas tu a ellas de igual manera.

Todo ello es paso previo para poder entender lo que hacen las neuronas espejo, uno de los descubrimientos más impresionantes e importantes de la neuropsiología de las últimas décadas.

Estas neuronas reaccionan ante los hechos que les ocurren a los demás como si realmente nos estuvieran ocurriendo a nosotros. A través de ellas podemos desarrollar nuestra empatía, podemos comprender cómo se sienten los demás…¿pero,…, sabemos como se sienten o sentimos lo que creemos que sienten?

En este punto resulta fundamental diferenciar entre lo que los demás sienten, y lo que nosotros sentimos y lo que pensamos que los demás sienten. Es relativamente sencillo haciendo uso de las neuronas espejo pensar que podemos saber cómo se sienten los demá

s, pero no llegamos mas que a una intuición de lo que puede estar pasando dentro de ellos.

A partir de ahí, nosotros ponemos nuestros colores a esos sentimientos intuidos, los transformamos en nuestras experiencias e imaginamos cómo se sienten. De ahí frases como “se como te sientes”, “comprendo cómo te puedes estar sintiendo en este momento”, etc.

Pero hemos de estar atentos, el mismo proceso que funciona para estos sentimientos de comprensión funciona para los sentimientos de ira o enfado, y también para los de interés o desinterés, tan críticos en una relación laboral, de amistad y sobre todo, de pareja.

Cuando “comenzamos a sentir” lo que la otra persona siente, cuando empezamos a “tener claro” lo que el otro siente con respecto a nosotros, tenemos que detenernos y preguntarnos “es lo que él/ella siente o es lo que YO siento con respecto a él/ella? ¿Son realmente sus sentimientos o estaré viendo mis sentimientos reflejados en su comportamiento?

Cuidado, mucho cuidado al responder a esta pregunta, no vaya a ser que, como la madrastra de Blancanieves, rompamos el espejo que no hace mas que devolvernos de manera dolorosamente sincera la realidad, y esta es que no todo lo que de nosotros mismos, nuestros actos y comportamientos vemos reflejados en los demás nos convierten en el personaje más bello de la historia de nuestra vida.

Trabaja para comprender tus emociones, trabaja para sentirte cómodo con ellas, aprende a nombrarlas, a dejarlas expresarse para poder controlarlas, aprende a desarrollar aquellas que son “inteligentes” o adaptativas, y arrincona, limita o haz desaparecer aquellas que no te valen para sentirte más feliz.

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