“¡Que capacidad tiene para afrontar todo lo que le está ocurriendo!”
“Tiene una fuerza innata que le lleva a poder con todo lo que le está viniendo encima”
En muchas ocasiones habrás pronunciado o escuchado estas u otras frases parecidas a estas. De vez en cuando, en la vida, nos encontramos con personas que desprenden una extraordinaria capacidad para mirar al frente, levantar la cara y marchar adelante.
No son personas diferentes a todos nosotros, lo que las convierte aún en más especiales si cabe; son personas que caen…, pero se levantan, fallan…, pero aprenden, sufren…, pero crecen. Son personas que día a día se enfrentan, como todos nosotros, a la vida cotidiana, con sus alegrías, sus penas, sus problemas, sus tristezas y todo los que nosotros queramos añadirles, por si los suyos no fueran suficientes.
Dada nuestra propensión, y en algunos casos necesidad de etiquetar todo para poder clasificarlo y diferenciarnos unos de otros, de estas personas se dice que son “resilientes” o que tienen muy desarrollada la “resiliencia”
El término que utilicemos no importa en absoluto. Lo que realmente es digno de imitar es su sistema, y no personalidad, de afrontar las cosas que les ocurren. Parece que tengan dentro una fuerza interior que les empuja a seguir adelante, acusando mínimamente el impacto, y saliendo reforzados.
No nos engañemos, ellos como nosotros, acusamos todos los impactos. Lo que los diferencia es qué ellos hacen lo que no hacemos nosotros para sacar algo de provecho de todo ello. Ellos se centran en el presente y cultivan ,consciente o inconscientemente, unos comportamientos que favorecen esta capacidad.
El término técnico de “resiliencia” proviene del campo de la ingeniería. Según el Diccionario de la RAE, que a partir de su edición 23ª refleja el término resiliencia, esta es la “Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación”
Como seres humanos, cuando hablo y pienso en la resiliencia, me gusta afrontarla con un componente mucho más activo que el mero hecho de ser una “capacidad para absorber” Las personas tenemos la capacidad de “trans-formar” esa energía, no sólo de absorberla y almacenarla.
Cuando un suceso ocurre, sea un fuerte impacto o un pequeño traspiés o contratiempo, tenemos la capacidad en nuestras manos para decidir cómo reaccionar ante ello. Jamás podremos elegir qué es lo que nos va a ocurrir, pero siempre podremos entrenarnos para decidir cómo vamos a reaccionar. El dolor ocurre, el sufrimiento se elige.
Todas estas personas que admiramos por su capacidad para transformar esta energía que la vida les envía en energía personal, comparten ciertos comportamientos que les ayudan:
De este modo, y viendo cómo se desarrollan los acontecimientos, viendo que no hace falta llamar a la puerta de las desgracias ni buscarlas para que lleguen, ¿no resulta más adaptable aprender y practicar cómo aprovechar su energía que destruirnos luchando contra ella?
“No son los más fuertes de la especie los que sobreviven, ni los más inteligentes. Sobreviven los más flexibles y adaptables a los cambios” Charles Darwin, “El Origen de las Especies”, 1962
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