Tanto las personas como los grupos, sean estos equipos en la empresa o fuera de ella, constantemente están siendo objeto de desafíos, internos y externos por viejos y nuevos factores como, escasez de energías y la competitividad en su control, descapitalizaciones o simples enfermedades o problemas.
A esto podemos añadir, que procesos de inter-conectividad como la globalización alteran nuestras referencias diarias en lo económico y lo social, provocando que nuestros intereses cotidianos se hayan acercado, queriéndolo o no, al centro y la periferia de esos desafíos. Al mismo tiempo, esta inter-conectividad ha aumentado la velocidad de comunicación reforzando el “conocimiento en tiempo real”. Lo que parecía ser mañana es hoy y lo de allí es aquí.
Como consecuencia de estos cambios espacio-temporales sobre nuestros modelos individuales o colectivos de sostenibilidad, se han generado una serie de riesgos y desafíos que provocan incertidumbre, desconocimiento y miedo. Todo ello ha devenido en la cultura del miedo y vulnerabilidad, formando la llamada Sociedad del Riesgo.
En esta Sociedad del Riesgo a mayor desarrollo económico y/o social, la vulnerabilidad es más elevada porque los riesgos de pérdida aumentan y se concentran en una dependencia de un mercado global, o modelos sociales donde las fronteras de lo local, nacional o internacional se fusionan. Es por ello, que turbulencias económicas como las que vivimos, afectan de una forma bidireccional generando o atrayendo negatividad a una sociedad económicamente endeudada, y que se muestra también de falta de ideas y soluciones, creando la plataforma perfecta para la generación de conflictos.
Como consecuencia, el conflicto es una ruptura en el equilibrio de la seguridad individual o colectiva para mantener o mejorar nuestra supervivencia o sostenibilidad, lo cual está ligado a nuestra condición humana. Este presenta dos facetas, una positiva de supervivencia sostenible y otra negativa que genera, entre otras cosas, violencia.
Por ello es importante entender que los conflictos son síntomas de cambio puesto que vivimos en una sociedad del desarrollo y conocimiento en constante crecimiento Unos serán positivos creando capacidades de progreso, otros serán negativos generando violencia, traumas y situaciones con muy poco espacio para encontrar soluciones.
Es en esta última fachada negativa, donde la resolución de conflictos se debe reforzar, haciendo que personas y los grupos se adapten y encuentren soluciones preventivas, progresivas y proactivas. Así, los modelos de adaptación tienen que buscar marcos de trabajo donde la eficiencia sea el camino, teniendo en cuenta lo siguiente:
Con todo lo anterior y en los tiempos difíciles que estamos atravesando donde nuestras vidas personales y laborales se complican, aprovechar los desafíos, comprenderlos y positivar los conflictos negativos generados es sumamente importante para hacer de un desafío, un triunfo y de un problema una solución.
Saber sacar partido a nuestros límites y convertirlos en fortalezas, nos puede servir para adaptarnos eficientemente a nuevos retos, para crear, innovar y encontrar herramientas que nos relancen.
Manuel Amarilla – Responsable de Gestión del Conflicto en AHORA+RH
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