Homeostasis Formativa

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«La educación es una tarea lenta y progresiva que requiere no sólo de información sino de formación. La información es conocimiento de datos, sin embargo, la formación es criterio, mejora de la personalidad.» Enrique Rojas

¿Cuántas veces has impartido un curso de Gestión del Tiempo, o de Técnicas Comerciales o de Dirección y Liderazgo en tu empresa? Si la respuesta es “Más de una” entonces es que no habías encontrado el modelo formativo adecuado para generar el cambio.
Uno de los comentarios que más comúnmente me encuentro cuando imparto formación en una empresa nueva es “Otra vez más de lo mismo” Salvo las nuevas incorporaciones, el resto de asistentes suelen tener una historia previa, un largo currículum de formaciones impartidas por la empresa que, o bien son incluso iguales, o bien se parecen muchísimo.

Según la teoría del caos, es prácticamente imposible que todos los formadores que hayan impartido los cursos hayan sido malos, que siempre la definición de objetivos a conseguir mediante el curso haya sido imprecisa y que, además, siempre todos los asistentes se hayan confabulado para dar al traste con los objetivos de Recursos Humanos.

Más bien, lo que viene a ocurrir es que los elementos formativos, bien sean estos en sala, o en outdoor, o en escuelas de alta cualificación, lanzan una serie de “informaciones” mejor o peor estructuradas sobre uno u otro tema, y una vez finalizadas las horas de formación, cada uno vuelve a su casa y los asistentes a su puesto.

Y ahí comienza el fallo de la ecuación. Al volver al puesto, como ocurre con el adicto que vuelve a su entorno, la “homeostasis emocional” de todos los grupos en los que se encuentra inmerso (desde el microgrupo con su compañero de trabajo hasta el macrogrupo con toda la organización) se van a encargar de impedir, consciente o inconscientemente, que este cambio ocurra.

¿Cuántas veces nos hemos encontrado que, personas que han asistido a un curso, que han obtenido una información rica y utilizable, que cuentan con la motivación y energía necesarias para llevar a cabo los cambios, se encuentran al cabo de cierto tiempo o bien dando marcha atrás para no seguir siendo el “bicho raro” del grupo, o luchando a capa y espada por mantener sus ideas mientras el resto de compañeros del grupo de formación han abandonado o ni siquiera lo han intentado?

Y tras ello es con estas personas que no cambian, porque no pueden, quieren o saben afrontar el cambio, con las que más se vuelca Recursos Humanos y la Organización al completo. Parece desarrollarse un impulso de “salvémosle” cuando realmente él no quiere salvarse, y todo el tiempo que empleamos en intentar corregir a un empleado por segunda o tercera vez, es tiempo que estamos robando a aquellos empleados que sí son válidos, sí tienen deseos de cambio y sí podrían hacer que la Organización evolucionase rápidamente hacia la dirección deseada.

Con el desarrollo del concepto de Competencias y del concepto de Talento, el ámbito que se desarrollaba antes como “desarrollo de habilidades” o formación ha encontrado un nuevo lugar por el que desarrollarse: EL CAMBIO COMPETENCIAL

Si realmente la empresa quiere introducir cambios medibles y sustanciales en su desarrollo y si realmente quiere desarrollar a su Talento, necesitará realizar mucho más que un número elevado de formación en aula. Necesitará poner en marcha un Plan de Cambio para el Talento
Y este Plan de Cambio para el Talento pasa, indefectiblemente por responder a tres preguntas previas:

• ¿Cuáles son los objetivos (económicos, de posicionamiento, marketing, etc.) de la Organización?
• ¿Qué es necesario cambiar para conseguir esos objetivos?
• ¿Qué competencias están relacionadas con esos cambios?

Poner este cambio en funcionamiento requiere mucho más que la asistencia a unas horas teóricas, exige dar soporte valiente y continuado a las personas que van a iniciar este cambio, que se inicia justamente cuando el formador abandona el aula, y que se inicia siempre con la oposición del resto de la organización que, como elemento “emocionalmente homeostático” pondrá en funcionamiento todos sus mecanismos para que las nuevas “células emocionalmente alteradas” vuelvan a su ser.

Siembra un pensamiento, cosecha una acción
Siembra una acción, cosecha un hábito
Siembra un hábito, cosecha un carácter
Siembra un carácter, cosecha un destino.
Así como piensas así es tu vida.

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